Saga Edición 40 Aniversario: Atentados de Atocha

A salvo por un asiento

(Texto publicado en la revista Dominical del diario Últimas Noticias el 18 de julio de 2010)

Franklin Ramírez:

Galeno caraqueño, egresado de la Escuela Luis Razetti de la UCV. En 2002 viajó a España para hacer su postgrado en Medicina de Familia, en el Hospital de Getafe. Luego de la arremetida terrorista, se mudó a Valencia. El gobierno peninsular le concedió la nacionalidad, por haber sido víctima del 11-M.

Foto: Facebook FR

Foto: Facebook FR

“Yo aún estaba haciendo mi especialización y me desplazaba en tren hasta el hospital. Cerca de mi ruta había una universidad y ese día no había clases, por lo que la sección en la que me monté, a las 7:00 de la mañana, no estaba abarrotada como siempre. Por suerte, conseguí un puesto y me dormí.

Cuando estábamos llegando a Atocha, que es casi como una estación central, el conductor fue frenando y no logró entrar porque tenía a otros por delante; en ese instante se dio la primera explosión. Yo me encontraba en el tercer vagón, el estallido fue en el siguiente y la descarga abrió un boquete en el techo y en las paredes que separaban cada carro. Gracias a que yo estaba sentado, la onda expansiva no me afectó tanto.

Lo que recuerdo es haber visto todo negro y creo haberme desmayado por unos segundos. Cuando volví en mí, no sentía el cuerpo y era como que no tuviera manos, ni brazos, ni piernas, ni nada; tampoco podía respirar porque había mucho humo. Yo supuse que estaba hecho pedacitos, hasta que recuperé más o menos la conciencia y noté que mis extremidades se movían como vueltas locas.

Después empecé a explorarme a ver si tenía lesiones y, como estaba bien, me puse de pie y comencé a observar el panorama: tenía una chica al lado y le di golpecitos hasta que reaccionó, no obstante, no pude hacer nada con ella; al frente estaba otra que había fallecido, sin embargo, yo juraba que estaba viva e intenté tomarle el pulso hasta que alguien me hizo comprender que estaba azul y, ¡joder!, la imagen de esa muchacha no se me va a olvidar.

Entonces lo que hice fue recoger mis cosas, porque el bolso y la chaqueta que cargaba estaban hechos jirones y mi equipo médico estaba doblado. Posteriormente, me alejé y me acomodé en un banquito al lado de una chama que, de los nervios, le dio por hacer yoga y yo le preguntaba qué había pasado y no me respondía. Contemplé a mi alrededor y ahí asimilé que había sido un atentado.

Al rato, regresé a buscar mi celular, volví a salir y me puse a recorrer los demás compartimientos por si alguien necesitaba ayuda. Lo que divisé era como una guerra: mucha gente gritando, sufriendo, desmembrada, quemada, acostada en el piso, en fin. En ese momento fue cuando pensé en mí y en mi familia y dije: “¿Qué hago yo aquí si no puedo apoyar en nada? Yo estoy aturdido, mareado, nervioso y, aparte, tengo personas que me quieren y éste no es un lugar seguro” –hubo  mochilas que no detonaron y pudieron haberlo hecho mientras yo permanecía allí–, así que me fui.

Le pedí a un taxi que me llevara a mi residencia pero no pudo, en vista de que los accesos fueron cerrados porque otras bombas reventaron justo en la parada de mi casa en Santa Eugenia. O sea, si no me hubiese pillado una, me hubiese agarrado la otra. Hablando con el señor, como que caí en cuenta y me solté a llorar, por lo que me tuvo que dejar en la emergencia donde yo trabajaba. Me analizaron y no tuve nada serio: sólo una contracción toráxica y se me rompieron los tímpanos.

En cuanto pude, les avisé a mis papás que estaba bien y pretendía ponerme a atender pacientes (risas); claro, me enviaron a descansar. El lunes sí volví, sólo que resolví tomar el autobús como por dos semanas hasta que me sentí preparado, porque tenía estrés postraumático y estaba en tratamiento con un psiquiatra.

Aunque el miedo de repente aparecía, a los seis meses me dieron de alta porque yo decidí superar esa situación y continuar con mi rutina normal, considerando que esa vez no me tocó. No quise enfrascarme en eso ni saber más del asunto y, en definitiva, lo que tuve fue como un reencuentro conmigo mismo, que me hizo entender que nunca se debe dejar para mañana lo que se puede hacer hoy”.

Foto de 2008.  Flickr MacManu. Leyenda: “Un monumento que sobrecoge… en la estación de Atocha, el monumento a las víctimas del 11-M”.

Foto de 2008. Flickr MacManu. Leyenda: “Un monumento que sobrecoge… en la estación de Atocha, el monumento a las víctimas del 11-M”.

Coordenadas: 

  • El 11 de marzo de 2004, cuatro trenes de la red Cercanías de Madrid fueron violentados por una célula de la yihad islámica.
  • El ataque fue hecho con 10 morrales que contenían dinamita, los cuales fueron distribuidos en convoyes consecutivos y activados a control remoto a las 7:37 a.m. de un día jueves.
  • Murieron 191 ciudadanos y 1.858 resultaron heridos.
  • Atocha es un complejo ferroviario establecido en 1851, por donde todavía pasan la mayor parte de los recorridos de larga y corta distancia, internacionales, de baja y alta velocidad, de metro, de buses y de taxis del país ibérico.
  • La participación de España en la Guerra de Irak y Afganistán es una de las hipótesis que explica el motivo de la agresión. Bin Laden había amenazado a La Moncloa en 2003.

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