El día que “conocí” a Colin Firth

Sí, esta crónica, si se puede llamar así, llega con dos años de retraso y sin ninguna razón para justificarlo, en especial porque se trata de una historia de tres (sí, 3) minutos.

Para hacerle justicia a esa brevedad del momento, entraré en materia.

Y es que (intro “favorito” de algunos colegas) hace exactamente dos años me tocó estar en Los Ángeles, California, en la misma semana en la que se entregarían los Oscar. No, no estaba tratando de tumbarle el puesto a Víctor X, simplemente estaba cubriendo el lanzamiento de otra película y ni pensar que a esas alturas iba a conseguir una acreditación o el presupuesto para quedarme un poco más y cubrir la ceremonia.

La cinta por la que estaba allí probablemente era Drive Angry, con Nicholas Cage, así que tampoco era que la entrevista era con cualquier hijo de vecina. Sin embargo, luego de la rueda de prensa en el hotel Four Seasons de Beverly Hills, recuerdo haber estado bajando en el ascensor cuando, en el piso 3, se montó nada más y nada menos que Colin Firth, quien cuatro días después se coronaría como el Mejor Actor, por El discurso del rey, en la 83 edición de los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas. Ese film, por cierto, estuvo dirigido por Tom Hooper, quien en este 2013 no estuvo nominado pero sí, en distintas categorías, su cinta Los Miserables.

Colin Firth en los Oscar 2011

En fin, por la pinta, Firth iba a una de las fiestas previas que abundan en el área 90210 durante los últimos días de febrero. Traje negro, camisa blanca, corbata de pajarita y nervios. A veces pienso que su estado natural es andar dubitativo, muy british él.  Claro, no andaba solo; a su lado, cual trofeo, estaba la tan altísima como él Livia Giuggioli, su esposa desde 1997, madre de sus dos hijos y despampanante productora de cine. Vestido largo, brillante, cabello suelto, labios rojos.

Piso tres. Destino final: planta baja.

Mi mente: “Tengo unos segundos para tomarme la foto, pero mientras saco la cámara ya llegamos abajo. La saco, no la saco, la saco, no la saco. ¿Le digo a ella que no las tome? Seguro me va a decir que no, ¿qué estás pensando, Valentina? ¡Tienes que pedirle una entrevista! ¡¿¿En el ascensooooor??!”. No sé qué cara tendría yo en esos tres minutos, que quizás fueron menos, pero lo cierto es que creo que mi cabeza se movía de derecha a izquierda entre uno y otro, mis ojos debían estar desorbitados y es probable que si en esos hoteles cinco estrellas hubiese moscas, unas cuantas habrían podido entrar por mi boca.

Colin hizo el mohín de sonreír y le apretó la mano a Livia. Me vio (sí, me determinó ladies and gentlemen) y miró los números que marcaba el ascensor, como sintiendo que el viaje se le hacía eterno. “0”, mostró por fin la pantalla, “lobby” dijo la voz electrónica, ellos salieron hacia la limusina que los esperaba en el paseo frontal y yo me quedé ahí clavada, en la esquina, por un par de segundos más.

Seguro que después tuiteé o tuitié lo que acababa de ver.

Más o menos así se veían en aquel ascensor

Más o menos así se veían en aquel ascensor

2 Respuestas a “El día que “conocí” a Colin Firth

  1. Lástima que no te decidiste a que te tomara la foto…Con probar , nada se pierde…Lo que te podía haber dicho era: Loca!!!! jajajaja…pero igual..te feclicito…viví tu momento…!!!!

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