Julieta Venegas: “Nunca me he casado con nada”

La vocalista mexicana, ligada o no en términos de pareja, encabeza titulares por dos grandes compromisos que acaba de contraer: un bebé y su quinto álbum de estudio, cuya promoción inició el pasado 16 de marzo. La placa se llama Otra Cosa y usándola como excusa, la intérprete revela cómo es de cambiante su talante

(Texto aparecido en la Revista Dominical del diario Últimas Noticias en 2010)

Lo nuevo

A diferencia de su colega uruguayo, Jorge Drexler, ella no se inspiró en la ley de la conservación de la materia y, sin embargo, arribó a la misma conclusión: todo se transforma. De tal inferencia, sacó el título de su último disco y la filosofía detrás de él, que se resume en el hecho de que las personas, y la realidad con respecto a ellas, no son las mismas ayer, hoy o mañana, son Otra Cosa.

“Todo el tiempo somos distintos”, afirma animada, vía telefónica desde tierras aztecas, y se coloca a sí misma y a su arte como ejemplo: “Hay temas que los veo como un retrato antiguo, ¿sabes?, como cuando ves una foto tuya y exclamas: ‘¡qué raro usaba el pelo!’, bueno, pero yo pienso: ‘así eran mis propuestas y ya no razono de ese modo”.

Esa evolución, a la que hace referencia, entraña posibilidades; éstas, por su parte, desencadenan dudas; y es en esos dilemas que ha venido abrigando Julieta Venegas a finales de sus treinta, en los que se centran la mayoría de los tracks de su flamante volumen, aunque no llegan a convertirse en titubeos amargos como los de Aquí y Bueninvento, sus dos primeras entregas, ni en certezas alegres como las de, su tercera, y menos aún en sentencias definitivas como las de Limón y Sal o la de su “Presente” Unplugged.

En contraste, una relación que puede estar “Bien o mal” abre la puerta, como sencillo, de este trabajo, que según su ejecutora “no es melancólico mas tiene un poco de desencanto asumido con sentido del humor, dado que haberlo encontrado fue el gran salto de mi vida, o sea, venía siendo súper triste y atormentada y un día dije:  ‘también está bueno divertirse, reírse y usar la ironía’, que en la actualidad es un elemento fundamental en mis líricas”.

–          Has confesado que eres monotemática y que tus reflexiones suelen aludir a la complejidad de los vínculos afectivos. ¿Cómo te aseguras de no repetirte?

– Es que no me cercioro, la verdad. Yo me lanzo a escribir sin parar, sin especular sobre quién va a escuchar o qué va a pasar, y procuro no ponerme trabas ni evaluar: “Uy, esto ya lo mostré en otra canción”; por lo regular dejo que la musa fluya y ya después, recapitulando, me fijo. Por otro lado, como dejo tanto espacio entre un período de realización y otro, porque me voy de gira y ahí no suelo componer, cuando se acerca el momento de comenzar otra vez mi gran interrogante es: “¿podré volver a hacerlo?”, (risas).

–          Sé que se te complica opinar, en tus letras, sobre tópicos sociales o políticos. Es decir que, por más que te toque el corazón alguna problemática, ¿jamás la denunciarías?

– Sospecho que no. Te juro que lo he intentado, pero me sale fatal. Yo aplaudo a la gente que es capaz de hacer coincidir su visión de los conflictos globales, con su mirada artística; a mí me cuesta, me suena raro y falso, entonces me enfoco en el perfil humano, en cómo son afectados los individuos por las dificultades.

–          Mencionaste que, cuando preparas un tema, no te preocupa quién lo va a oír. Quién se dirige a un público, ¿no debería tenerlo en cuenta en la fase creativa?

– Yo opino que al redactar no, porque en ese instante yo debo expresar lo que siento, desahogarme, es casi como una terapia y ese proceso debe ser egoísta; si no, te tornas muy complaciente. Y si te planteas descubrir qué es lo que quieren los demás, puede que no vuelvas a apuntar ni una frase más porque es una pregunta infinita. Yo estimo que es más importante la sinceridad que mortificarse por agradar, y eso requiere de cierta desconexión absoluta de lo que esperan de ti y por eso siempre va a haber quienes se declaren traicionados entre un CD y otro. Yo lo que he advertido es que nadie sabe qué es lo que desea, puesto que a veces me increpan “No, improvisaste demasiado”, y otras veces señalan: “No, es que estás igual”. Es normal.

Lo versátil

A cuatro manos, con el célebre Cachorro López, con Ale Sergi, de Miranda! o con Adrián Dárgelos, de Babasónicos, Julieta Venegas confeccionó 40 tonadas para su producción más reciente, de las cuales sólo se extrajo una docena y el resto “se quedan guardadas”, en caso de que a algún camarada, como aconteció con “la Nelly Furtado”, le cautive una de sus piezas.

Y es a sus tres lustros de carrera, esta tijuanense egresada de la Escuela de Música del Noreste de México y del South Western College de Estados Unidos, se califica como una autora antes que nada. Por esa razón, no descarta que, en el futuro, pueda abandonar los tours y los conciertos para dedicarse sólo a concebir sinfonías para terceros. “A lo que no renunciaría es a la composición, porque sí es como una necesidad muy intrínseca mía”, arguye.

Tan ineludible se le hace que, cuando detiene sus recorridos mundiales y retoma la actividad intelectual, se obsesiona: “Sólo voy en las mañanas a nadar, posteriormente leo y luego me acomodo frente al piano, durante tres o cuatro horas, para tratar de plasmar una idea. Es que sí creo mucho en el oficio, me encanta y en ese transcurso no hablo con nadie, con esfuerzo me hago de comer -soy pésima cocinera-, no quiero salir y me tienen que sacar a rastras para llevarme a cualquier sitio”, relata jocosa.

Cuando se levanta del banco, Venegas sube a un cuartito de su casa donde tiene numerosos dispositivos y una pequeña estación de grabación y allí da rienda suelta a su imaginación. En esta ocasión, iluminada por lo que probó cuando se “desenchufó”, la virtuosa mujer resolvió mezclar su característico acordeón con elementos como el ukelele, el cavaquinho y hasta el cuatro venezolano. “Hay más texturas, más profundidad instrumental, están pasando cientos de cosas más en cada apartado”.

– Por esa experimentación y por el hecho de que empezaste con un estilo alternativo y despegaste con contenidos más pop, te señalan como una de las intérpretes más contradictorias de la escena Latinoamericana. ¿Concuerdas con eso?

–  Pues no. Yo nunca me he casado con nada, me dejo guiar por la intuición y por lo que quiero hacer en cada época; seguir inventando, por caprichoso que parezca, para mí es un motor.  Y no es como que hacía punk o algo así raro y de repente arranqué a hacer canciones, o sea, yo siempre he perseguido hacer canciones, lo que pasa es que el acento y el matiz han ido mutando sin forzarlos, no como que: “tengo que hacer los versos y las estrofas de tal manera”, al contrario, ha sido un progreso mío como compositora, productora y arreglista. Esto se dio a partir de , que apareció después de ese lapso en el que ni mi sello me pelaba y estuve un año como perdida, indagando qué era lo que quería exponer y cuestionándome por qué no sabía coquetear, ni querer, ni transmitir, en mi música, los momentos de florecimiento y felicidad. Ahí se dio el choque y la transformación.

–          Detrás de esa metamorfosis, vinieron las ventas millonarias de tu tercer y cuarto álbum, con Grammy incluido. ¿Ahora escribes analizando lo que se puede convertir en un hit?

No, para nada, lo que trato de hacer es conectar a través de otros medios, es decir, empleo una estructura más clásica, como la que usaban Los Beatles o José Alfredo Jiménez, y busco un balance entre eso y el contar una historia que tenga significado para mí. Al fin y al cabo, lo comercial no es un estilo, es un asunto que funciona y yo no es que me propongo hacer algo comercial (hace énfasis). Yo preparo líricas y melodías y sí han ido variando su pulso y exhiben sentimientos inéditos, no obstante, la personalidad es la misma dado que el cambio que ha surgido en mí tiene que ver con la construcción, no únicamente con el resultado.

–          Pese a ese ascenso y a esa revolución, no te has decidido incursionar en el mercado anglo, como lo hizo Shakira. ¿Temes que tus trovas pierdan feeling al mudarlas de idioma?

– Ése es un punto que ni siquiera he meditado en exceso. A mí el inglés no me atrae, a pesar de que yo lo escucho y lo leo mucho. Sí hay colegas que han cruzado esa barda: a unos les va excelente y a otros no tanto, y sí es una lengua inevitable, lo que ocurre es que no me llega y por más que me garanticen que voy a alcanzar a más audiencias, sería del modo equivocado.

Lo virtual

Tus seguidores clamaban por ti a través de la Web. ¿Te sentiste obligada a sacar este último material debido a sus ruegos?

– ¡Más bien tenía ganas! Es lindo cuando te están presionando con una tarea que tú anhelas hacer. Yo estuve como 12 meses sin presentarme y sí te desconectas. Claro que es como una insistencia de cariño, pero no deduje que “por eso lo tengo que hacer”.

Los avances del compacto los fuiste narrando en un blog, por Twitter y en Formspring. ¿Es una estrategia para mantener atentos a tus admiradores -y a los periodistas- sobre tu quehacer?

– Lo que sucede es que yo soy muy tímida y para mí la red es genial porque no voy a tener ese mismo contacto con la gente cara a cara, en vista de que en línea los fans están como más relajados. Yo soy muy Internet: no veo televisión, oigo poca radio y mi contacto con el mundo se basa la www, entonces para mí es habitual “twittear” y se me hace como un canje de información: lo que escucho, lo comento y a la par me recomiendan otros grupos o solistas y eso es maravilloso porque si no se da así, no tienes otro mecanismo de conocer lo nuevo que se está gestando.

–          Con antelación, diste a conocer la tapa de Otra Cosa en tu portal. Aunque perteneces a una disquera tradicional, ¿intentas demostrarles que su destino está en lo digital?

Calculo que ellos ya lo van entiendo (risas). Yo ni siquiera contemplé sacar la portada y fueron ellos que me insinuaron: “¡ay!, ten la carátula, por si la quieres colgar en tu MySpace”; me causó mucha gracia, está padre y no veo para qué habría que esperar tanto. En este caso está muy bonita, puesto que el motivo es como de bosque, de feminidad, quizás porque en las fases preliminares me imbuí en la poesía de Marosa Di Giorgio, que es LA descripción perfecta de ese lado salvaje.

SU FRASE

“Haber estado en la ceremonia del Nobel de la Paz me hizo percibirme a mí misma como una miniatura. Pensaba: ‘¡Wao! Estos señores sí saben lo que es enfrentarse a situaciones duras”

2 Respuestas a “Julieta Venegas: “Nunca me he casado con nada”

  1. a mi me guta la julieta venegas por q canta super bien

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