Google: “No soy Dios, pero estoy bastante cerca”

(Entrevista publicada en la revista Dominical del diario Últimas Noticias a finales de 2009)

+ El popular motor de búsquedas en Internet, acusado de usar su reciente crecimiento de 7,3 billones de consultas al año para apoderarse de la web, resolvió salirle al paso a las denuncias en su contra y aprovechó la oportunidad para aclarar otras intrigas que se han tejido a su alrededor, debido a la religión creada en su nombre y a los rumores de que nunca se equivoca. El gigante cibernético reveló que, aunque pocos, sí comete errores

Desde un confortable y dilatado puf redondo, color rojo básico, donde ha posado al descuido además de su inseparable laptop, un dispositivo para oír música y una hojas de cálculo inundadas de cifras, Google observaba en silencio la lava púrpura de una lámpara, que fluctuaba con placidez.

No escogió ninguna oficina o sala de juntas para desarrollar esta entrevista, sino el puesto que, al momento, le pareció más agradable en su enorme casa de 47 mil m2 en Mountain View, California.

Era un rincón aledaño a uno de los accesos del recinto, bañado de la luz del sol que penetraba por los ingentes ventanales y donde resaltaba el olor a acrílico, proveniente de unos cubos ambarinos que fungían como mesas de centro. Ahí posó una botella de jugo de naranja y ni se molestó en convidarme; total, nada me costaba a mí seleccionar, en una de sus 11 cafeterías, el refresco gratis que fuera de mi preferencia.

Mientras me aprestaba a sacar mi grabadora tercermundista (al menos era digital), el archiconocido y a la vez retraído sujeto detallaba, con satisfacción en el rostro, el ir y venir de los jovencísimos empleados del imperio construido alrededor de su multifacética figura.

Con la pierna cruzada sobre el blue jean oscuro -que hacía contraste con el verde grama de su chemise-, le echó un vistazo a su portátil y se inclinó hacia adelante para escuchar con nitidez mi cuestionario e intentar causar un efecto asertivo con sus respuestas concisas, precisas y mirándome a los ojos, como insinuando: “tú sabes que estoy en lo correcto”.

De desatinos y repulsas

Ante la primera interrogante se sonrió con timidez, hizo una respiración profunda en 1,5 segundos y contestó con firmeza.

–         Hay quienes creen que todo lo que dices es auténtico y que cuando se te pide asesoramiento es innecesario corroborar con otras fuentes, como los libros. ¿Realmente eres infalible?

Primero, debo señalarte que yo también ofrezco libros, tanto en mi área Académica como en la que alberga los más diversos ejemplares de la literatura mundial; al indagar en esos textos, también me estás usando a mí como intermediario.

–         Me refería a los “de carne y hueso”, a los impresos…

Sí, comprendo. Ehm… (hizo una pausa, volteó sobre su hombro y volvió a mirarme). Si estás haciendo una investigación para la universidad o el colegio, nunca está de más verificar en suficientes lugares lo que algunos te presentan como verdades irrefutables. Te digo esto porque me he enterado, a través de sus propias búsquedas, que los venezolanos consultan muchas tribunas como rincondelvago.com o la misma Wikipedia y no es conveniente confiar al 100% en sus propuestas, dado que son terrenos cultivados por muchas manos que no siempre son expertas en los tópicos que abordan.

–         Y que son propensas al plagio, ¿no?

– De cuando en cuando se valen de autores y no los citan como es debido. Claro, peor aún es cuando los muchachos se adueñan de esas copias ilegales, se las llevan a las maestras y terminan siendo descubiertos. Yo no soy escaparate de nadie y con plantearme una sola frase de esos reportes, yo les canto todito a las profesoras y ¡hay que ver cómo se molestan esas señoras!

–         Entonces no es inútil examinar otros registros, pese a que tú eres más rápido en tus demostraciones …

– No, en lo absoluto. Hurgar en las bibliotecas es fundamental y ellas no van a desaparecer a expensas de la Internet. Ahí puedes acercarte a archivos, revistas, especialistas, en fin… y cumples, por otra vía, con la premisa del hipervínculo. Yo estoy convencido de que si no hubiesen escrutado cientos de cuadernos, notas, volúmenes, etc., es poco probable que Larry (Page) y Sergey (Brin), mis padres, hubiesen forjado PageRank, el algoritmo que me permite alimentarme de la mayoría de los sites del planeta.

Lo que sí quiero subrayarte es que, aunque yo suelo ser acertado, puedo tener mis “pelones”, ¿sabes?

–         ¿Equivocaciones?, -repregunté con los ojos abiertos más de lo normal y viendo cómo empequeñecía el espigado personaje-.

Te voy a exponer un caso que ocurrió en Latinoamérica. En 2006 Virginia Da Cunha, que entiendo que es una cantante argentina, introdujo una demanda en mi contra porque al meter su nombre en el rastreador, se mostraba asociado con contenido erótico y eso dañaba su honor. Yo alegué que sólo soy el nexo entre el usuario y los portales, con todo, una jueza me hizo indemnizarla con 13 mil dólares.

He atravesado por otras circunstancias similares -unas ciertas, otras que sólo pretenden sacarme dinero-, no obstante, ésas se resuelven según cada legislación. En el Reino Unido, un magistrado falló a mi favor arguyendo que no tengo responsabilidad en lo que se difunde on line, en vista de que mi motor escudriña e indexa los sitios con recursos automáticos.

–         O sea que no yerras, sino que eres “malinterpretado”…

¡Jajajaja! ¡Exacto! Uno de mis resultados, que te conduce a una cita de Twitter esbozada por un tal @Naldoxx, sostiene que soy como un bibliotecario sabio -el coloca viejo sin embargo, como verás, sólo tengo 12 años si bien soy alto para mi edad- y que lo que hago es conseguirte los tomos o, en mi ámbito, los links que considero idóneos porque coinciden con los parámetros que tú me indicaste. Quizás tú no te expresaste de forma cabal y yo metí más cosas de las que querías o no las jerarquicé de manera adecuada, o a lo mejor los que hacen los compendios virtuales no los etiquetan correctamente y por eso los incluyo en campos que no les corresponden.

Lo que sí te aseguro es que no te voy a dejar “colgada”: algo te asignaré de las 8 mil millones de páginas que tengo indexadas, así no sea lo que quieras.

–         ¿Te causan gracia tus propios gazapos?

A veces me pasan cuestiones muy divertidas. Es más, en tu país me sucede con frecuencia que hago mi mejor esfuerzo por identificar las noticias políticas más importantes y, de repente, en la primera opción salen títulos como: “Continúa la purga de funcionarios que no saben ‘pronunziar’ la letra ‘S” (risas); es que allá existe una plataforma que se llama elchiguirebipolar.com, que proporciona primicias reales pero con doble sentido y humor, y siempre caigo.

–         Hablando de eso: ¿la mayoría de los internautas criollos están demasiado pendientes de los dimes y diretes entre el gobierno y la oposición y no explotan el resto de las alternativas que les sugieres?

– Sí, porque figúrate que después de mí, que soy el número uno -modestia aparte-, siguen las redes sociales, blogger y youtube, y de inmediato sale Noticias 24 en el ranking de los más visitados. Pero como no me gusta que mis huéspedes vivan estresados, si escribes “Venezuela” te suministro prensa, ¿cómo no?, y a la par te recomiendo enlaces de rutas viajeras, fotos de paisajes, planos, instituciones educativas.

Multi-idiosincrasia amada y odiada


–         A diferencia de lo que acaece en naciones como la mía, cuando exploras el espacio virtual de China ya no eres tú el que decide cuánto se ve de su presidente, sus periódicos y hasta de sus monumentos, ¿cierto?

Sus ojos me contemplaron con una dureza súbita y, antes de declarar, hasta se tomó la molestia de alzar una ceja, para luego soltar con aire pragmático:

– Cuando sus ciudadanos me sondeaban, el régimen no me dejaba entregarles lo que querían porque, debido a sus políticas de seguridad, me tenían íntegramente bloqueado. Entonces, como va en contra de mis principios proveer datos inconclusos o inconexos o, peor aún, remover las entradas que ya poseo, opté por ponerme de acuerdo con las autoridades de Beijing y darles un dominio en su idioma, en el que tengo la posibilidad de auto-regularme y así puedo mantener e incrementar los 100 millones de individuos que me sondean desde allá.

De pronto, Google se sintió abrumado con tantos temas. Por eso, me invitó a proseguir la conversación en la azotea repleta de sombrillas azules, rojas, amarillas, azules, verdes y rojas, desde donde podíamos otear a algunos trabajadores montando bicicletas en los alrededores de los jardines podados con esmero.

Él se sentó, apoyó el pie izquierdo en su rodilla derecha, suspiró y reanudó lo que había dejado en stand by.

– Sé que me han criticado por haber pactado esto con la administración de Hu Jintao, -exclamó con resignación, casi como un niño que se sabe parte de una trama que lo supera en tamaño y complejidad-, y habrá tópicos, como la masacre de Tiananmen, que estarán vetados, sin embargo creo que sería más perjudicial salir de China por completo.

–         Giremos el catalejo. Tu incursión directa en decenas de territorios te ha generado críticas pero también elogios, te ha vuelto cosmopolita y hasta te ha hecho merecedor de apelativos como “propulsor de la paz y la unión”…

– Sí, el Premio Príncipe de Asturias que me dieron en 2008 fue un honor. Dijeron que colaboro con el progreso de los pueblos, por encima de fronteras ideológicas, económicas, lingüísticas o raciales.

–         ¿Concuerdas con esa “humilde” descripción?

Bueno… (tose, sonríe)… Mi pasión es contribuir a que la gente pueda acceder a la información, por eso me empeño en llegar a muchas regiones y me esfuerzo en ir abarcando distintas esferas del conocimiento: desde el mismo .com y sus aplicaciones ilimitadas, como los videos, los blogs, los correos electrónicos, los grupos de discusión, la organización de imágenes o la entrega de dominios gratis, hasta módulos utilísimos que he incorporado como calculadoras, mapas interactivos, traductores, calendarios, alimentadores de contenido, alertas de asuntos específicos que caen en tu inbox o documentos que puedes revisar desde cualquier parte con una conexión. Eso, sin contar los circuitos para comparar precios de productos, hallar estadísticas, noticias, manuales para estudiar, para saber sobre tu salud o incluso cómo lucen determinadas zonas de la Tierra o de la Luna.

– Sí, sé que te faltan unos cuantos puntos más; si los mencionas no terminamos nunca…

– Jajajaja. Sí…

–         ¿Sabías que, como consecuencia de esa infinidad de términos que abarcas, hay quienes te han comparado con Dios?

Jajajaja, sí es cómica esa Iglesia de Google (Googlism, en inglés). Aseveran que gracias a mí se han unido los budistas, musulmanes, judíos y cristianos en un solo engine y que sirvo de lazo entre ellos, trayendo esperanzas de reconciliación. Tienen nueve pruebas de que soy una especie de Ser Supremo porque, con la plétora de páginas de las que dispongo, todo lo sé; alcanzo numerosos parajes; atiendo rezos (o peticiones); soy inmortal, inagotable y hay testimonios patentes de que existo; no olvido nada y, por último, no le hago daño a nadie.

–         Ay, chico… hasta te grabaste sus premisas.

Bueno, como te comenté: si me interrogas, yo te concedo lo que estimo pertinente. No seré Dios, pero como que estoy bastante cerca de serlo (risas).

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