Su receta del éxito

La vida de los ricos y famosos suele ser objeto del cotilleo mundano. Cómo viven, qué beben y comen, cómo se visten y con quiénes se relacionan son los tópicos escudriñados por la prensa del corazón. No obstante, siempre falta la pregunta cardinal: ¿cómo llegaron hasta donde están?

(Texto publicado en la revista Dominical del diario Últimas Noticias en diciembre de 2008)

Edgar Ramírez

“Hay que preguntarse: ‘¿por qué quiero ser actor?”

A su juicio no existen fórmulas preestablecidas para triunfar en el mundo de la actuación, por eso se enreda al momento de “dar su receta” y prefiere sencillamente contar cómo ha sido su experiencia y cuáles han sido sus aprendizajes. Trasmitir esas enseñanzas a quienes desean seguir sus pasos, con el objeto de allanarles el camino, es uno de los propósitos de vida de Edgar Ramírez.

Por eso considera que, además del empeño del día a día, es fundamental hacerse un cuestionamiento inicial: “¿Por qué quiero ser actor?” Si las razones son la fama, los autógrafos “y el canto de las sirenas”, recomienda a los aspirantes pensárselo mejor, “porque el oficio no tiene nada que ver con eso”.

Ramírez afirma que el motor que lo estimula a él es un profundo interés por entender al hombre en su conjunto, por tal motivo sostiene que no es nada descabellado el haberse convertido en intérprete tras haber vivido en distintos países debido a la carrera militar de su padre, tras haberse graduado de comunicador social y tras haberse dedicado al área de las Relaciones Internacionales. “Yo lo que he encontrado es una manera más poética de continuar mi exploración de la naturaleza humana”.

Esa curiosidad, sumada a las permanentes ganas de instruirse y a todo el bagaje social, cultural y lingüístico que ya poseía este tachirense, fue clave para inaugurar con pie de plomo su nueva ocupación en el cine nacional y para seguir el recorrido que, hoy en día, lo mantiene en la mira de los grandes realizadores del globo. “Mientras más cultura y educación tengas, tus oportunidades se amplían más. No es lo mismo conversar con un director francés sobre un proyecto en su propio idioma, que hablarle en otro”, aclara.

Además, según su criterio, es importante partir de lo más sencillo para ir formándose en la escuela en que se constituye cada película y, sin dejar de anhelar un futuro brillante, concentrarse en el presente. “Hay que mirar las estrellas con los pies bien puestos sobre la tierra, o sea, tú no te puedes meter a actor de la noche a la mañana sin tener una entrada económica de la cual vivir. Yo hacía traducciones simultáneas y era chofer de lujo mientras actuaba”.

Esta combinación al principio le pagó poco, pero al final rindió sus frutos. “Lo que me permite a mí ejercer internacionalmente es el cine local, no la televisión. Punto y Raya ganó en el Festival Internacional de Los Ángeles cuando Tony Scott estaba ‘casteando’ para lo que sería su próxima cinta (Dominó). La directora de casting me vio en el film, le gusté y logré participar en la película, pero yo ya tenía un cuerpo de trabajo que me daba soporte para estar ahí”.

Con esta frase, quien ha sido conocido como Cacique, Cyrano y Paz, entre otros, pone al trasluz su posición en lo que al esfuerzo se refiere, y añade: “Ningún golpe de suerte puede sostenerse si no hay una labor, un rigor y un talento que le sirvan de basamento”.

Siendo así, llegar a Hollywood y a otras mecas del séptimo arte es sólo una parte de la afanada trayectoria de villano de El ultimátum de Bourne pues, por su propia sanidad mental, nunca se lo planteó como norte. “Mi metodología siempre ha sido no colocarme metas lo suficientemente pesadas como para que se me vuelvan obstáculos, pero sí lo suficientemente ambiciosas como para que me inspiren cada día. Siempre dije que mi sueño era trabajar en todo el mundo y que mis películas se vieran en la mayor cantidad de territorios; a la velocidad que iba a suceder y cuándo iba a suceder, eso no lo sabía”.

Edgar Ramírez

Ángel Sánchez

“Medirte con los más grandes que tú”

En su caso se aplica a la perfección el refrán: “De tal palo, tal astilla”. Aunque decidió seguir los pasos de su mamá ya en la edad adulta y con un empleo de arquitecto en cierne, no puede negar la influencia que ha tenido en su oficio el haber pasado su infancia en los alrededores del taller de costura de doña Teresa Araujo y en la mercería de su padre en su Trujillo natal.

Está claro que las hebras y las telas estaban en sus venas, sin embargo, se trataba más de un feeling que de algo concreto, por lo que decidió explorar primero su inventiva a través de la ejecución de proyectos urbanos. Pero, un día cualquiera, “le entregué un par de bocetos a mi madre para que los confeccionara y abriera una tienda en Valera, y me pareció tan divertido el resultado que en ese momento entendí que allí había una manera muy dinámica de expresarme como creativo”.

Con todo, Sánchez no se lanzó al ruedo inmediatamente y, en principio, combinó ambas ocupaciones hasta que se dio cuenta de que la haute couture le “llamaba más la atención”. De eso hace ya más dos décadas, época en la que ignoraba lo más básico del mundo de la Moda si bien estaba consciente de que no bastaba con tener buenas ideas, trazos impecables y un afinado sentido de la proporción. Por ello, resolvió empezar a entenderlo desde adentro “leyendo las historias de otros diseñadores e inspirándome muchísimo en su trayectoria”.

Mientras se formaba y dibujaba en Caracas y su progenitora cosía en Valera lo que él le enviaba, el realizador también comenzó a adentrarse en los círculos sociales y culturales propicios para destacarse. “Monté mi primer desfile en Los Espacios Cálidos (Ateneo de Caracas) ayudado por Boris Izaguirre y Francisco Beaufrand. Luego vino uno en el Country Club, que me lo organizaron Clara Salvatierra y Toton Sanchez,  y a ese show fue el público perfecto para mi trabajo. De allí quizás arrancó la etapa más profesional de mi carrera”.

Y si bien el creador opina que penetrar en las pasarelas es algo primordial, tampoco desestima otros medios necesarios para descollar. “El Miss Venezuela es una muy buena plataforma para darte a conocer, pero también lo son las clientas que quedan contentas y te recomiendan. Antes que nada, creo que lo que hace exitoso a un diseñador es su calidad, su perseverancia y entender que ésta es una carrera que debe labrarse con trabajo”.

Además del imparable quehacer diario, la ambición es otro de los requisitos para despuntar. Según uno de los criollos más famosos del planeta, es aconsejable “medirte con los más grandes que tú porque eso te ayuda a crecer profesionalmente. Arriesgarte y no quedarte con lo que logras en un momento”. De allí que, una vez considerado uno de los top designers del país, tomó su maleta “llena de trajes”, tocó puertas en los grandes consorcios del fashion norteamericano y procedió a transitar la senda del desconocido inglés.

Su apuesta rindió los frutos esperados, pues no sólo la exclusiva tienda Henri Bendel, entre otras, le dio paso libre, sino que además consiguió demostrar la calidad de sus piezas en sus propios showrooms. De ahí en adelante, en “un proceso lento pero seguro”, ha caminado hacia su consagración exhibiendo sus prendas en los mejores cuerpos de Hollywood, a lo largo y ancho de Estados Unidos y en latitudes tan exóticas como Ucrania y Arabia Saudita.

El aliento para llegar a esas instancias lo adquiere de sus bien entrenados músculos para moverse como pez en el agua en los ámbitos más privilegiados, donde ha obtenido el respeto necesario que es “lo que hasta hoy día me mantiene el entusiasmo para seguir”.

Ángel Sáncgez

Ángel Sánchez

Bob Abreu

“No es trabajar, es saber trabajar”

Al “Come dulce” se le conoce por su trayectoria en los Leones del Caracas y en las Grandes Ligas; ni hablar de sus incursiones como empresario de la música y director editorial. Empero, el sendero que lo condujo a ser dos veces All-Star, adinerado cuarto bate, filántropo y productor no comenzó con los melenudos, ni mucho menos con sus primeras bases robadas en los Astros de Houston.

Numerosos sacrificios y un arduo principio son los sólidos cimientos sobre los que se sostiene la carrera del zurdo Bobby quien, antes de arribar al equipo texano, a los Phillies de Filadelfia y a los Yankees de Nueva York, debió dar sus primeros pasos en Los Pitufos, un pequeño grupo de niños que jugaban en Sorocaima, localidad del estado Aragua donde vivía.

Sus aptitudes le permitieron llegar, en apenas unas semanas y a los 6 años de edad, al Remavenca, un conjunto propiedad de Criollitos de Venezuela donde se mantuvo durante casi una década ejercitándose para llegar a la pelota profesional.

Al finalizar esa pasantía, Abreu fue visto por los scouts de los Astros quienes no le ofrecieron un boleto de avión a la nación del norte, sino la posibilidad de entrenarse en su academia ubicada en Guacara, estado Carabobo. Ni corto ni perezoso, el joven les dio el sí pero lo que vino no fue fácil: “Practicaba desde las 8:00 de la mañana hasta las 12:00 del mediodía, vivía en un hotel, estudiaba en las noches por parasistema y los fines de semana me iba a Maracay a casa de mi mamá”.

El esfuerzo fue positivo pues, pasados dos años y cuando apenas le faltaba uno para ser mayor de edad, el jardinero derecho viajó a Norteamérica a la liga de novatos, permaneció hasta los 21 años en las menores, pasó a triple A y, finalmente, “me llevaron a Houston y el resto es historia”, relata.

Aunque todo parece sencillo y deslumbrante, no lo fue tanto. El pelotero debió hacer grandes renuncias, entre las que cuenta sus estudios de bachillerato y su propia juventud: “Yo llegué hasta tercer año; como tenía que viajar a Estados Unidos no podía seguir estudiando porque debía estar de lleno en el béisbol. Ahí entendí que tenía que ir a trabajar, buscar la comida del día a día en mi hogar. Lo que hacía era que terminaba de jugar en Estados Unidos, llegaba a Venezuela, duraba una semana en mi casa, me iba a jugar con los Leones, terminaba y duraba tres semanas libre, en las que igualmente tenía que seguir practicando en la academia en Valencia, así que no tenía tiempo de salir ni de nada”.

Esa energía indetenible es, para Bob, la clave de la superación. “Yo trabajo todo el tiempo y sé que todo el mundo lo hace, pero la manera de trabajar de uno es distinta; no es trabajar, es saber trabajar, es saber hacer tu cosa, buscar los defectos y corregirlos”.

Para lograr esto, el “Come dulce” resalta lo importante que ha sido para él prestar atención a las recomendaciones de los entrenadores y, después del auto examen, concentrarse en los objetivos que quiere alcanzar, “porque el que pone los números eres tú y el que sale a hacer las cosas eres tú; te pueden decir cómo hacerlas pero el que las va a ejecutar eres tú”.

Oscar D’León

“El norte está en tu conciencia”

Con casi una decena de nominaciones al premio Grammy y una travesía musical que nació en el barrio caraqueño de Antímano y ha llegado a parajes como Corea, Australia, Finlandia y Estados Unidos, Oscar D’León se reconoce en la cúspide del éxito. Sin petulancia y con la sencillez y el buen humor que lo caracterizan, “El sonero del mundo” no desdeña de sus humildes inicios y admite que, gracias a ellos, logró asir la que hoy en día -y desde hace más de tres décadas- es su profesión.

Y si bien los acordes de la Sonora Matancera, Tito Puente, Eddie Palmieri, Benny Moré y la Billo’s Caracas Boys siempre estuvieron a su lado, cuando amenizaba los viajes de sus clientes en el taxi que conducía a sus veinti tantos, nunca pensó que algún día iba a poder vivir del canto.

“En ese momento tenía una agrupación anónima, que viajó una sola vez hacia San Carlos con el nombre de los Golden Stars y nos ganamos 5 bolívares cada uno, pero parecía que no iba a tener fama. Yo tenía un bajo, entonces trabajaba en musicales en la noche y alternaba en el día con el taxi o algo así”, rememora el intérprete.

Cuando Oscar dice “algo así”, se refiere a otros empleos, como el de chofer escolar y repartidor de relojes, los cuales debió ejercer con poco agrado para poder llevar sustento a su hogar y, al mismo tiempo, irse adentrando en la que verdaderamente era su pasión. Pero los desvelos no le ayudaban con sus quehaceres diurnos, por lo que eventualmente se vio obligado a tomar una decisión: “Me quedé con la música a cuentagotas pero era muy difícil, siendo yo un muchacho sin conocimientos musicales en lo que a partituras se refiere, pues no tenía mucha cabida en las agrupaciones donde requerían un lector. Sin embargo, yo me sentía líder y ahí fue donde creamos el Grupo de Kiko”.

Con ese conjunto, D’León lanzó sus primeros bramidos de cantante cuando la voz principal fue despedida y él decidió salirle al paso a la emergencia. En esa etapa logró hacer “descargas” con otras bandas lo que, posteriormente, le permitió presentar su propia orquesta, La Dimensión Latina, en un conocido bar de la capital.

Ya tenía la determinación y la gente, por lo que sólo faltaba armar un repertorio cada vez más amplio y hacerle caso a lo que le decía el corazón: “Lo que me indicó que el éxito estaba ahí fue un ensayo que hicimos en la casa de Enrique Iriarte “Culebra”. Ahí sentí unas vibraciones extrañas en mi cuerpo, que me hicieron ver que algo iba a progresar y pegué un grito de emoción”.

Cientos de ejercicios, toques, experimentaciones y presentaciones siguieron, mientras en la ciudad se desarrollaba una “dimensionitis aguda”, según recuerda “El diablo de la salsa”. Ese trajinar incesante les permitió exhibirse con otros grandes del género, lo que dio pie a la sucesiva internacionalización. “Desde que formé La Dimensión en mi mente estaba: ‘tengo que hacer cartel’. Me iba de viaje a donde fuera y aunque salir era perder dinero, también era ganar credibilidad en el público”.

Y la obtuvo, no sólo en la gente sino también con sus pares. Todo, a su juicio, gracias a que pudo ir paso a paso, curtiéndose en distintos colectivos -“que es como el que estudia desde primaria hasta llegar a la universidad y graduarse”-, escuchando sus instintos, formándose, laborando sin descanso y sin esperar golpes de suerte porque  tenía claro que “el norte está en tu conciencia, en no defraudar a tu público, en ensayar si hay que ensayar, en no dormir cuando tengas sueño si es que tienes que trabajar, en no estar pendiente de cuánto te van a pagar, porque siempre te van a pagar y en estar claro de que si tu talento es el mejor, tú vas a ir escalando posiciones y vas a llegar”.

Oscar D'León

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