Saga Edición 40 Aniversario: En el clímax de Studio 54

(Texto publicado en la revista Dominical del diario Últimas Noticias el 18 de julio de 2010)

Coordenadas:

  • Célebre discoteca neoyorquina
  • Ubicada en la calle 54 de Manhattan
  • Inaugurada en 1977
  • El edificio era un teatro de principios de siglo, convertido en set de televisión y luego en club. El ornato original se mantuvo
  • La crema y nata de la farándula universal se exhibió en sus pasillos
  • Fiestas caracterizadas por:
    • El desenfreno vinculado con la música disco
    • Los peculiares atuendos de los asistentes
    • El consumo de psicotrópicos
    • La apertura a la diversidad racial y sexual
  • Cerrada en 1980. Sus dueños, Steve Rubell e Ian Schrager, fueron arrestados por evasión de impuestos y posesión de cocaína
  • Ha sido reabierta como barra y escenario de variedades

Sonia Pomenta Llaña

  • Periodista. Tras cubrir sociales por una largo tiempo y escribir sobre moda para revistas, cambió de rubro y se especializó en la fuente internacional radial
  • Le apasiona la vanguardia en el vestir y ha investigado sobre el tema
  • Estuvo casada con el diseñador Alfredo Viloria

Eso fue entre 1975 y 1979. En aquel entonces, yo trabajaba en una tienda para la que Alfredo diseñaba ropa y estudiaba en la Universidad Central. El otro amigo que nos acompañaba era José Camero, quien es arquitecto y artista plástico.

Los tres viajábamos a Nueva York al menos cinco veces al año, en vista de que era muy barato. Claro, ahora me doy cuenta de que, quizás, éramos demasiado vacíos y frívolos, porque íbamos específicamente a comprar la indumentaria para ir al Studio 54.

Cada mañana, cuadrábamos para andar iguales: que si de cuero, como sado-maso, con tops transparentes; que si de safari romántico con velos, pañuelos y plumas; que si con trajes de la década de los treinta, en fin, eran vainas como kitsch. Después en la noche estábamos dos horas arreglándonos, nos echábamos escarchas, tintes de colores inauditos, teníamos cortes de pelo originales y estábamos jovencitos.

Sin embargo, no nos percatamos de que esa extravagancia nuestra fue la que nos abrió las puertas allí, porque la cosa era así: uno de los socios se llamaba Steve, era un catire buenmozo y él estaba en la entrada, que era un mar de personas; por supuesto, los famosos seguían de largo y luego él escogía, a dedo, a los bufones que éramos nosotros, los que teníamos algo llamativo o particular.

Una vez que ingresábamos, abajo había un gran salón con una cortina hacia atrás, donde se había dispuesto un espacio privado que lo alquilaban Andy Warhol, Halston, también se presentaba Carolina Herrera, Truman Capote, Bianca Jagger y en una ocasión me quedé loca: yo me estaba maquillando en un corredor que conducía al baño, que tenía unos espejos gigantes, y me topé con Jack Nicholson y él se puso a conversar conmigo.

Ellos, otras figuras y nosotros mismos estábamos ahí para exhibirnos; de hecho, había una lluvia de reporteros gráficos en los accesos, en el interior y nos tomaban fotos a todos. Era un territorio hedonista y lo interesante es que estas estrellas ya no eran las divas intocables de antes.

Sobre el escenario vi, por ejemplo, a Nina Hagen que es una cantante alemana de principios del punk. No obstante, en general, ése era el reino de la música disco: Donna Summer, Tierra, Viento, Fuego, etc., y ahí tú oías lo que, posteriormente, se volvía un éxito.

Por otro lado, los clientes llegaban como con un frenesí por moverse, al rato caían 10 minutos sobre unos sofás o unos puffs y regresaban a bailar con cualquiera, porque además era como un espectáculo: habían señales de neón que bajaban a la pista, caía nieve artificial, lanzaban un humo blanco y bajaban un aparato que tenía pintada una media luna con una cuchara, metiéndose un pase. Como se sabe, ésa era otra de las facetas del lugar: 50% de los que lo visitaban estaban drogados o borrachos, pues se trataba de un sitio permisivo.

Y el segundo piso era un mundo aparte: muy oscuro, había unos sillones enormes y subían parejas y grupos a hacer lo que les daba la gana. Es que, en esa época, había mucha libertad sexual, estaban empezando a abrirse los gays y hasta los mesoneros se paseaban en tangas o casi desnudos, como parte del decorado.

A pesar de eso, yo lo veo más ingenuo que lo que hay en la actualidad porque no existía el VIH, no temíamos que alguien pudiera aparecer con un arma o a hacer un atentado y, a la postre, yo lo que quería era divertirme, las canciones me fascinaban, el local era estupendo, la gente me gustaba y no sabía la dimensión de lo que me estaba ocurriendo. Es más, hoy en día yo escucho que hablan de eso y estoy segura de que, si yo digo que estuve ahí, no me van a creer.

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