Me engañaste, Raphael

Como es su 50 aniversario, hizo lo que quiso. No tarareó lo suyo, sino lo de los otros y además lo sacó, el 1° de diciembre, en un formato excepcional: tres CD+DVD titulado Raphael, 50 años después en directo y al completo. Allí, el “Ruiseñor de Linares” no repasa su carrera, sino las de terceros: Monserrat Caballé, Ana Torroja, Alejandro Sanz, David Bisbal, Juanes y 20 más. Con tanta celebración, ¿urdirá algo más? Eso fue lo que intenté indagar

(Texto publicado en la revista Dominical del diario Últimas Noticias en diciembre de 2009)

Ese día estaba consciente de que, desde la distancia, me encontraría contigo. “El monstruo de la canción” me iba a estar esperando, o yo a él; como fuera. Una y otra vez chequeaba mi teléfono y revisaba que la grabadora estuviera “a tiro”.

Impuntual con antelación, me agarraste un poco desprevenida pero unos minutos nada más. Al saludarme, sabías que era temprano para mí y yo que era de tarde para ti. Sonreímos con esa cortesía de conocidos por obligación.

Quise averiguar cómo estabas y si te sentías agotado ya a esa hora, cuando probablemente tantas de mi misma calaña te habían empujado a pensar y repetir lo mismo, sin cesar, y exigiéndote que lo hicieras con gracia, presteza, agudeza y buenas maneras. ¡Menuda actividad!

Sin embargo, con tu dentadura ladeada y desplegada de par en par, me contestaste que no, que habías estado tranquilo haciendo lo tuyo y que yo era la única en tu lista de chácharas para esa jornada. Ahí algo pude sospechar.

Foto tomada de Google

Ciclos en viceversa

A pesar de presentir que era otra de las muchas que han transitado ese camino, quise seguir a tu lado y fue cuando tu disfraz se empezó a desboronar. Por tu conversación deduje que yo no era nada especial y que eso que tanto quería examinar de ti y que, en teoría, tú me querías comentar, ya se lo habías desvelado a alguien más. O “álguienes”, en plural. Quizás es que no soy tan perspicaz como creía o que ya lo has expresado todo; da igual.

Con rapidez, me narraste que estás cumpliendo medio siglo de andar y desandar proscenios y, de inmediato, me pusiste a dudar; hasta donde yo sé, en 1960 no ganaste ningún concurso y ni siquiera tenías la mayoría de edad. “Es que yo marco desde el momento en el que a mí se me da un carnet de profesional”, aclaraste, haciendo alusión a ese período en el que te entrenaste en la academia del maestro Francisco Gordillo y firmaste tu primer contrato con Discos Phillips, secuestrándoles la mercadeable PH de tu nombre. Seguiste reflexionando y procuraste explicar más: “Porque si me pongo a calcular desde que yo canto, imagínate, lo hago desde los cuatro años”.

Aunque no eres de andar rememorando, las fechas y los lugares se te dan con facilidad. Y tal parece que así como son de importantes esos inicios en los que aún vestías pantaloncillos cortos y triunfabas como el mejor intérprete infantil de Europa, también son relevantes tus hitos de adulto joven, como cuando no vacilaste al defender el primer concierto “sentado” de España, si bien hasta tu manager te advirtió que era un “suplicio” de 180 minutos que no se podía comercializar. No obstante, te vendiste y al 100%. “Fue en el ’64, en el Teatro de la Zarzuela. ¿Sabes lo que pasa? Que cuando yo salí, lo que había aquí era crooners que entonaban sus piezas para que la gente bailara, y yo consideraba que mis temas no eran para danzar, o sea, son pa’ escuchar”.

Apuntaste eso y me preocupé por cuánto te habrá de molestar el hecho de que, en la actualidad, los pubs de tu país cierren sus jaranas de madrugada con tus singles más sonados. Al respecto, te contradijiste un poco. “Ve cómo se ha vuelto la tortilla al revés (risas). No me incomoda para nada porque yo no estoy presente y, ojo, son que si “Escándalo” y “Viva la noche”, no las baladas serias. Es más, ahora mismo en mis recitales, yo hago que la gente se mueva en ciertas partes, con las tonadas en las que pega que lo hagan”.

Esto me hizo deducir, tal como lo suponía, que no sólo el público, tu imagen y tu repertorio han cambiado sino que tú también has mutado y esas mismas tarimas donde te iniciaste se han transformado para ti. Entonces, no “sigues siendo aquél” que unía su voz a gestos adornados, para que el blanco y negro de la televisión o los incipientes recursos técnicos no hicieran mella en su show.

Tú, tan arrojado, confirmaste mi presunción: “Con el tiempo vas asimilando lo que debes y no debes hacer; en consecuencia, hay cosas que a lo mejor no las muestro tan pronunciadas porque no hace falta, es decir, todavía se entienden. Y ese mismo escenario donde comencé lo he perfeccionado porque yo aprendo mucho y de prisa, puesto que soy un sujeto muy aplicado y sobre todo con mi carrera, que me gusta demasiao’. En conclusión, hoy por hoy lo que hay es un señor que domina bastante esto y que se ha cultivado, además”.

Foto tomada de Google

Como vaya viniendo… sistematizado

Con tu cara, tu eco estruendoso y tu melena que, con su doble seis, se niegan a marchitarse, te auto-designaste un patriarca del micrófono y las tablas. En simultáneo, sostuviste que dominas cada una de tus huellas y exclamaste risueño: “me alimento sano, pero como muy bien”, para indicarme que ya no ayunas como en la gira del hambre que realizaste, con tus escasos ingresos, en 1963.

Me hiciste asumir que estaba charlando con un don, con un individuo que está dando sus quincuagésimos y últimos pasos frente a los auditorios, porque se trata de “un número redondo, fantástico y maravilloso que se disfruta porque está trayendo un tour mundial y dos discos impresionantes”.

Claro, es un par de placas que se suma a las casi 70 que has grabado y que te han traído decenas de reconocimientos en oro, platino y hasta uranio. Raphael, 50 años después, se denomina una, y a la segunda hay que añadirle “en directo y al completo”, dado que incluye tu espectáculo en vivo en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid. Con esto, ¿qué más se podría pensar? Me olía a despedida.

No obstante, eso sería un embuste más puesto que, como has reiterado en infinitas ocasiones, cuando digas adiós nadie lo notará. Es que yo nunca he planeao mi vida”, insististe y me transportaste, otra vez, hacia atrás.

- Sin embargo, cuando triunfabas en plena en plena adolescencia, de seguro tu meta era ser famoso y exhibirte en grandes recintos como el Carnegie Hall, – te espeté.

- No, nada que ver. No, hasta que estuve y ya he vuelto y he vuelto. Yo al principio ni alucinaba con aquello, no percibía qué era lo que iba a suceder conmigo; yo quería realizarme siendo artista, porque era lo que me gustaba, si bien no distinguía hasta qué punto iba a resultar. Ni siquiera soñaba con esas cosas de que me llevara la gente en el coche, con su radio, - soltaste con modestia.

VETERANO CYBER-ESPLENDOR

Inferí que menos aún vislumbraste que las personas iban a poder cargar tus obras en walkmans, discmans y iPods. Ergo, cuando tu último CD de estudio encabezó las ventas  por Internet, hace una Navidad, imagino que quedaste estupefacto. Y nada más con eso, tu otra mentira fue saliendo a flote: un hombre que hace alarde de sus cinco décadas coreando “El pequeño tamborilero” tiene una audiencia más o menos contemporánea que, en este caso, se supone que no es muy asidua a la cuestión digital.

Con todo, me reiteraste que, pese a la porfía de que tienes 23 de edad, tu medio cupón frente a las cámaras y los flashes ya lo estás por cerrar. Afirmaste que lo único que ha hecho el espacio virtual es incrementar esas multitudes que, sea en español, inglés, francés, ruso o alemán, pululan a tu alrededor. “Yo soy para ellos soy igual de cercano, aunque sabes que cuando yo me quiero enterar de algo mío, uso también Youtube”, te carcajeaste al final.

Entenderte tan experimentado y, a la par, tan encima de lo nuevo fue lo que me dio la pista de que sólo podías estar aparentando ser mayor. Para ponerte más al descubierto, decidí arrojarte “una concha de mango” y te consulté si, entonces, estarías dispuesto a unirte a la moda de U2 o Alicia Keys y regalarle a tus admiradores un concierto en vivo, por la web. Tu argumento no pudo ser más revelador. “¡Dios! ¡Pues me gustaría! Hay que buscar siempre, un pretexto bueno. Hubiera sido ideal lo de los 50 años pero, en fin, no se me ocurrió para ser sincero. Sí hemos grabado un DVD maravilloso, que va con el cedé y yo tengo esta gira aniversaria hasta finales de 2010; luego entro a grabar en enero otro invento que, ¡oye!, ojalá lo podamos ver por la triple w. Voy a cuadrarlo desde ya”.

Mi estupefacción, ante semejante demostración de jovialidad, se puso de manifiesto y no te quedó más que justificar. “Es que es bárbaro y yo soy partidario de eso. Como yo soy un apasionado del directo, estaría encantado de que en el instante en que estoy cantando lo estuviera viendo el mundo entero porque me provoca mucho más que hacer la cosa ensayada y que lo vean diferido. Sería impactante”.

Previo a nuestro diálogo supe que señalaste que tú no tenías proyectos, sino realidades. No obstante, tu última afirmación me comprobó que no necesariamente es así. Que todavía queda exceso de ti y que ya estás maquinando algo para los años por venir. Un alma con tanto “antes” que planea tener tanto “después”, no puede poseer la madurez que tú dices tener. Por eso sé que me engañaste, Raphael.

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Una respuesta a “Me engañaste, Raphael

  1. Me encató tu artículo.

    Yo no podría haberlo entrevistado… (es por eso que jamás me consideraré periodista ante gente como él)… para mí es un MAESTRO (en el sentido de lo que se puede aprender de este personaje -que esconde a una persona tímida y muy humana).

    Rafael Martos es casi la única gran pieza internacional que queda de un mundo en que los artistas ganaban su nombre con el boca a boca en un planeta grande y con tecnologías de comunicación muy limitada.

    Un hombre que ama las tablas y que ha hecho todo a su manera sin permitir que su personaje se trague a su propia humanidad.

    Raphael es el fruto de más de medio siglo de trabajo constante que le ha pasado su factura a Martos Sáchez… y que aún brilla (con casi 70 años) cantando acapela en el Ríos Reina ante un público que (al menos anoche) no pareció tomar conciencia del valor del diamante que tenían enfrente.

    Seguramente te angañó… “más sabe el diablo”… (por lo dicen…)

    Te quiero mucho Vale… gracias por compartir estas líneas.

    PD.- SI TIENES LA OPORTUNIDAD DE VOLVERLO A ENTREVISTAR AVÍSAME. SU AUTOBIOGRAFÍA ES UNO DE MIS LIBROS MÁS PRECIADOS Y ME ENCANTARÍA TENERLA FIRMADA POR ÉL.

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